viernes, 12 de julio de 2013

Quiero que comprendas mejor mis alegrías…



    María le dice a María Valtorta: «quiero que comprendas mejor mis alegrías. (…) 

En mi primera alegría lo que me agradó no fue mi gloria ni mi alegría, sino que haya 

En mi segunda alegría, no es la alabanza de mi prima lo que me dio alegría, sino el haber dado la señal de la redención para la santificación de Juan Bautista llevándole a su casa a Jesús, vuestro Redentor. 

La alegría de la tercera no sería únicamente por ser madre (…). La verdadera razón fue porque a partir de entonces, la tierra tenía su Salvador. 

El motivo de mi cuarta alegría fue que yo había visto bajo los pasos de los tres Magos, todo lo que a partir de ese momento iba a venir del mundo entero y en toda época, de la tierra hacia la Luz, hacia mi Señor, e iban a proclamarlo Rey, Salvador y Dios. 

Mi quinta alegría no se debió al hecho de que mi amor de Madre dejara de sufrir cuando encontré a mi Hijo perdido, eso hubiera sido egoísmo. Era una alegría inexplicable de oir resonar por la primera vez la “Buena Nueva” y comprender que caería en ciertos corazones y germinaría en planta para la eternidad. 

Mi sexta alegría fue todavía mayor para vosotros, las criaturas salvadas. El resucitado me decía que los cielos estaban abiertos y ya habitados por los santos del Señor que esperaban esa hora desde hacía siglos y que en los cielos, el lugar de miles de salvados estaba ya preparado. Para mí que soy vuestra Madre, significaba una alegría de profundidad incalculable saber que vuestra morada estaba ya lista. 

Mi séptima alegría no se debió a mi gloria, sino que al convertirme gracias a la bondad de Dios en Reina de los Cielos, yo podia así ocuparme de vosotros, mis hijos amados… »

 
 

Fragmentos de los Cuadernos de 1944, de María Valtorta 
 

jueves, 4 de julio de 2013

Jesús llevó la paz mientras estaba en el seno de María...

    

                          



                    


Dios amó tanto al mundo que le entregó su único Hijo - era ya un hecho. Dios le dio su Hijo a la Virgen María, ¿y qué fue lo que Ella hizo? En cuanto Jesús vino a la vida de María, Ella inmediatamente fue a dar las buenas noticias. Y entró a la casa de su prima Isabel. Las Escrituras dicen, el niño dentro del vientre de Isabel, saltó de gozo. Desde el vientre de María, Jesús trajo paz a Juan el bautista. 


Como si no fuera suficiente que Dios hijo se hiciera uno de nosotros y nos trajera paz y gozo mientras se encontraba en el vientre de María, Jesús también murió en la cruz para demostrar un amor aún más grande. El murió por ti y por mí, y por el leproso, y por el que muere de hambre, y por el que se encuentra desnudo y tendido en la calle, no sólo de Calcuta, sino de África, y de todos lados. 


Nuestras hermanas sirven a los pobres en 105 países alrededor del mundo. Jesús insistió que nos amáramos los unos a los otros como El nos ama. Jesús dio su vida por amor a nosotros y nos dice que nosotros también debemos dar lo que sea para hacer el bien al prójimo. En los Evangelios, Jesús dice claramente: "Ámense como yo los he amado." 



Bienaventurada Madre Teresa de Calcuta (+ 1997)
Extracto del discurso pronunciado en ocasión del Nacional Prayer Breakfast
organizado por la Asamblea y el Senado americanos, el 3 de febrero de 1994



Los Papas y el Rosario...






Recordemos: El Papa Juan Pablo II - quien añadió los Misterios Luminosos del Rosario - solía decir el Rosario todos los días en los jardines del Vaticano. El Padre O'Sullivan nos muestra cómo esta devoción mariana ha sido una oración constante de los papas.


Desde en tiempos de la Santo Domingo († 1221), un sinnúmero de pontífices emitieron decretos, rescriptos, cartas y aprobaciones de todo tipo, escritos en términos de lo más elocuente e impresionante en favor del Rosario. He aquí algunos de esos panegíricos:


"Los cristianos reciben todos los días inmensos beneficios a través del Rosario" (Urbano IV, †1264)


"El Rosario nos ha sido dado específicamente para servir como protección contra los grandes peligros y males que amenazan al mundo." (León X, † 1521)


Mediante el Rosario, Santo Domingo apaciguó la ira de Dios contra Francia e Italia. (Pablo II, † 1471).

"Con el Rosario, expulsamos al diablo lejos de nosotros." (Adriano VI, † 1523)


La confianza que Bonifacio VIII († 1303) depositó en el Rosario era de forma ilimitada hasta el punto que pidió ser enterrado con ropa decorada con los Misterios del Rosario. Este acto de confianza filial le agradó tanto Dios que su cuerpo fue encontrado intacto después de 300 años.


Clemente VIII († 1394) fue el autor de no menos de 19 bulas en favor del Rosario. Cuando fue elegido Papa, y tuvo que cambiarse el vestido de Cardenal por la vestimenta papal, se le vio afanado buscando en los bolsillos su rosario.


R. P. Paul O’ Sullivan, o.p. (E.D.M.)
Le Secret de la Prière, Comme être heureux, Comment être saint,
Ed. do Corso Santo, Lisboa, Portugal, 1943, Cap. 13.

viernes, 28 de junio de 2013

María, causa de salvación...



 


María, acogiendo la Salvación, es definida como la “causa de salvación” para aquellos cuya muerte fue causada por Eva. María sabe deshacer los nudos de la desobediencia y de la muerte: 


“Pues, de la misma manera que Eva, teniendo por esposo a Adán, y no obstante aun virgen - porque estaban ambos desnudos en el paraíso y no se avergonzaban (Génesis 2,25) porque, creados poco tiempo antes, no sabían lo que era la procreación: tenían que crecer primero y solamente entonces multiplicarse (Génesis1,28) – igual que Eva, desobedeciendo se volvió causa de muerte para ella misma y para todo el género humano, igual que María, teniendo por esposo aquel que se le había destinado, y no obstante Virgen, se convirtió, obedeciendo, en causa de salvación (He 5,9) para ella misma y para todo el género humano. 



Por eso la Ley da a aquella que está comprometida con un hombre, aunque siga siendo virgen, el nombre de esposa de aquel que se comprometió con ella (Dt 22, 23-24), significando en esta manera lo que sucede de María a Eva. Porque lo que fue atado solamente no puede ser liberado a menos que se inviertan los lazos del mundo”. 





 
 
San Ireneo, 
Contra las herejías, III,22,4 
 
 
 
 


domingo, 9 de junio de 2013

EL CORAZÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA...

Excelencia de esta devoción...








Penetremos mas en particular en los motivos que deben movernos a esta devoción tan tierna y encendida al Purísimo  Corazón de la Santísima Virgen y siendo en si misma esta devoción tan preciosa.
El corazón mismo de la Santísima Virgen, salta a la vista cuan digno es de Ella, es el instrumento del que se valió el Espíritu  Santo principalmente para la obra de la Encarnación…
De aquel Purísimo e Inmaculado corazón, brotó la sangre preciosísima de la que se formó el cuerpo y hasta el mismo Corazón Sacratísimo de Cristo!!!
De allí tomó el Señor aquella sangre que había de ofrecer en la Cruz para la salvación de la humanidad.
Era aquel Corazón el centro y el foco de la vida de la Santísima Virgen, todos sus latidos, todos sus más mínimos movimientos, participaron de los meritos incalculables que, en cada instante de su vida, mereció María.







¡Como se estremecería en la Anunciación cuando lanzó la sangre a colorar aquellas mejillas que se turbaron ante la presencia del Ángel y al escuchar sus palabras!...
¡Qué emoción cuando contempló el rostro de Jesús por primera vez!!
Que encogimiento y ahogo en los sobresaltos de la huida a Egipto!...
Y cuando el anciano Simeón le clavó aquella espada de dolor, ¡que latidos tan apresurados no daría aquel corazón! Y ¡cómo aun hubieron de acrecentarse estos latidos en la pérdida del Niño y sobre todo en la Pasión y muerte de su Hijo tan divino!...





¡Ah! Cuántas veces se hubiera parado y hubiera dejado de sostener a aquella preciosísima vida contraído y apretado por la fuerza de la alegría, unas veces o por la violencia del dolor, otras si Dios no la hubiera sostenido…


¿No te parece que todo esto es más que suficiente para hacer  amable y excelente a esta devoción?









Si contemplas al corazón de la Santísima Madre, como el órgano sensible de su amor, como al instrumento que recibía todas las impresiones para convertirlas en amor, para encenderse y abrazarse más y más en el fuego de su amor. Esto sí es difícil de conocer, mejor será sentirlo…





Penetra en aquel Corazón abrazado y encendido y suplica a la Santísima Virgen te encienda en él y abrace también el tuyo, que tu corazón participe, algo al menos, de aquel amor en que el Purísimo Corazón de María rebosa…


                                                                                            Jaime García.




sábado, 18 de mayo de 2013

María, la misión del Espíritu Santo






El Corazón de María está lleno, en abundancia, del divino Espíritu.


El día después de la fusión de la sociedad del Sagrado Corazón de María a la congregación del Santo Espíritu, Libermann consigna en los «Reglamentos»:

«La Congregación... consagra especialmente sus miembros al Espíritu Santo, autor y consumador de toda santidad e inspirador del espíritu apostólico y al Inmaculado Corazón de María, lleno del divino Espíritu, del cumplimiento de la santidad y del apostolado, y participando de la manera más perfecta posible a la vida y al sacrificio de Jesucristo, su Hijo, para la redención del mundo...

Considerarán el inmaculado corazón de María como un modelo perfecto de fidelidad a todas las santas inspiraciones del divino Espíritu y de la práctica interior de las virtudes de la vida religiosa y apostólica. Encontrarán allí un refugio, al cual podrán recurrir en sus trabajos y sus penas...»
Jacob Libermann († 1852)









Esa irrupción de la Santísima Trinidad en el alma.

La irrupción de la Santísima Trinidad en el alma es el misterio insondable de Pentecostés. Ese misterio se da al lado de María, alrededor de María, en presencia de María y con María.

La presencia de la divina Trinidad en ella, María va a comunicarla a los Apóstoles, y a través de ellos a todas las almas que quieran seguir a Cristo. Todo lo ocurrido el día de la Ascensión, María va a guardarlo en su corazón. Instruida por el ejemplo de su Hijo, María ha comprendido la voluntad de su Padre en ella.

« Hágase tu voluntad »: El fiat de la Anunciación y el fiat de la Cruz llevan a María al fiat de la Ascensión Jesús ha desaparecido ante sus ojos carnales y es un misterio de separación el que le falta vivir, un desprendimiento más puro y más perfecto todavía que todos los que hasta ahora ha vivido. María no duda un instante. De nuevo se da prisa en reunir a los apóstoles.

Los acontecimientos tan desconcertantes pudieron dispersarlos una vez más; pero María contempla. Ella ve más allá de las apariencias.






Marie–Benoîte Angot
Adorar a María, Editions le Sarment







jueves, 9 de mayo de 2013

LA MATERNIDAD ESPIRITUAL DE MARÍA SANTÍSIMA.





“La maternidad espiritual de María no se limita a su cooperación histórica 
a la obra de Cristo, sino que perdura también después de su asunción 
al cielo y hasta la perpetua coronación de los elegidos. 
Se manifiesta, bien a través de una múltiple intercesión para 
obtener a los hombres los dones de la salvación, bien a través de la 
solicitud materna por sus hijos que se encuentran aún en medio de
 los peligros y los afanes de la vida” (LG 61-62).


Si la Virgen María, por la Encarnación llegó hacer la madre del Verbo, desde el altar de la Cruz fue solemnemente proclamada Madre nuestra. En Juan estaban representados todos los hombres. El corazón de María desde aquel momento empezó a latir por nosotros con su intenso afecto. Ella se sintió constituida Madre de Gracia y de Misericordia, aunque en medio de la tremenda angustia de un dolor que la humanidad no olvidará nunca.
Sí, el amor es hijo del dolor. Desde la Cruz del Señor Jesús, al mismo tiempo que le entregaba a Juan, tuvo que darle a la Madre una infinita capacidad de afecto, y un inmenso corazón como el cielo y profundo como los abismos del mar, para así ser digna madre de un pueblo sin número.
La Virgen, como Madre que es, nos ama con un amor que no conoce los límites de lo terreno y lo humano, porque se alimenta únicamente del amor infinito con el cual Dios ha amado a los hombres.




Como diría Santo Tomás de Aquino:

          “El amor de Dios y del prójimo son como dos ríos que brotan de la misma fuente y no                                difieren sustancialmente entre ellos, teniendo una misma razón formal que los vivifica y alimenta”.

Para entender el amor que la Virgen nos tiene, sería necesario entender ante todo el amor que ella tiene por Dios. La Virgen nos ama porque ve en nosotros no tanto la obra de la naturaleza, sino la de la gracia; porque ve en nuestras almas lavadas por la sangre de la Victima Divina; porque  reconoce en nosotros la imagen adorable de su Hijo Jesús.


Te venero, oh gran reina, y te agradezco todas las gracias que hasta ahora me has hecho. Te suplico que inflames mi corazón de amor por tu divino Hijo.
Te amo, Señora amabilísima y por el amor que te tengo, te prometo servirte siempre y hacer todo lo posible para que junto a tu amado Hijo sean el centro y fuerza de mi familia.
A ti consagro mi vocación, se tu mi maestra, cuida de ella, especialmente en estos momentos de oscuridad y desesperación.
Oh Madre de Misericordia, acéptame como tu servidor y acógeme bajo tu manto, y ya que eres tan poderosa para con Dios, líbrame de todas las tentaciones, o alcánzame fuerzas para vencerlas hasta la muerte.
Te ruego siempre me ayudes, no me desampares mientras no veas salvo en el Cielo, cantando tus misericordias por toda la eternidad…
                                                                               
                                                                      Jaime García.



                   

miércoles, 8 de mayo de 2013

La Anunciación – La Madre de Dios...



Quiero compartir con ustedes esta pequeña reflexión que hoy en mi lectura espiritual he podido meditar, espero que al igual que a mí, esta reflexión acreciente y vivifique ese amor a la Santísima Madre.




El  << Fiat >> omnipotente. –Pero este << hágase>> de la esclavitud de María también es la expresión practica de su omnipotencia. Apenas pronunciado, el Espíritu Santo, como lo dijo el Ángel, la cobijo con su sombra protectora y llevo a cabo la obra de la Encarnación; en aquel momento se efectuó lo de “el Verbo se hizo carne” y comenzó a habitar entre nosotros.
¡Oh palabra de poder inmenso! –La pronuncia la omnipotencia de Dios y brotan de la nada los mundos.      –La dice María en el abismo de su humildad y aun obra más maravillas que el Creador.
Aquel Fiat saca de la nada las cosas. Este mismo Fiat saca a Dios de su Cielo, de su eternidad…, para que, sin dejar de ser Dios, comience a ser hombre.
Contempla a la Santísima Virgen y mira al Espíritu Santo cómo organiza en la inmaculada sangre de María el cuerpo de Jesucristo, para que ese cuerpo y esa sangre que toma de la Virgen, fuera la materia del sacrificio que para redimir al mundo ofreciera más tarde en la Cruz.
La divina maternidad.
Y María, en ese instante, queda convertida en verdadera Madre de Dios. –Dignidad altísima y maravillosa. Es infinita porque infinita es la dignidad del Hijo de Dios.
Desde ese momento, Dios está en María, no en imagen, no con su gracia sino con su persona misma divina; hay entre Dios y María una verdadera identidad en cuanto que la carne y sangre de su Hijo, son carne  y sangre de María. Por ella María, al ser Madre de Dios, adquiere la más alta autoridad, la autoridad de mandar a su Hijo, adquiere el más alto privilegio, el de un derecho especial al amor de su Hijo, y a recibir de Él todos los bienes de gracia y de gloria con el poder de comunicarlo a los demás.
En esta maternidad Divina se funda la verdad de que ella es nuestra Mediadora –Y una Mediadora omnipotente, por que participa por gracia de la omnipotencia que Dios tiene por naturaleza y además, es por esta maternidad la dispensadora de todas las gracias, ya que se ve claramente que Dios no quiere comunicarse a los hombres directamente, sino por medio de María, como lo hizo en la Encarnación.
Magnifica, sublime y divina esta maternidad; nunca llegaremos a sondear toda su profunda y altísima magnificencia. Dios puede crear más mundos, más ángeles, otros seres otros seres infinitamente más perfectos, pero no puede hacer una Madre mayor que la Madre de Dios.

PUNTOS BREVES DE MEDITACIÓN SOBRE LA VIDA,
 VIRTUDES Y ADVOCACIONES LITÚRGICAS

DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA.







LA MADRE DE DIOS ES MI MADRE...


-Pero también tiene unión con migo. Dios quiso que su Madre fuera también mi Madre y me amó ya desde entonces como tal. Ella deseaba entonces ardientemente que su Hijo naciera y redimiera al mundo pensando en mí. Ella quería entonces, lo mismo que ahora, tenerme a mí como verdadero hijo -como a su Jesús- que  yo me uniera con Ella, como estaba con Jesús, para que yo como Jesús, participara de aquella vida.
¡Qué dicha la mía, tener una madre que ha merecido ser la Madre de Dios! Por ella adquirimos un parentesco con Jesús. –Jesús y yo somos hermanos. Piensa mucho en esto y agradece estas maravillas de amor a la Madre y al Hijo.
Imita a María en esta maternidad divina uniéndote íntimamente como Ella a Jesús. Haz práctica esta unión, uniéndote antes con la Santísima Virgen para vivir completamente esta vida. Procura que tu alma sea hija verdadera, de palabra y de hecho de tu gran Madre.
                                                                                         Jaime García.

jueves, 2 de mayo de 2013

María, Una llamada a mi corazón...




¿Qué motivo tengo para contestar a la llamada de mi corazón cuando por un movimiento de piedad sincera y de admiración alegre, él quiere saludar a esta joven de Belén, como la mujer bendita entre todas?
Es la Madre del Señor, la madre de mí Señor. He ahí la base más profunda de mi veneración por Ella y de mi gratitud hacia Ella. 


Ya desde el principio de los tiempos, una claridad incomparable glorifica el nombre de esta Madre. Por un sentimiento humano auténtico, esta denominación “Madre” y todo lo que significa e implica, evoca algo sagrado e inviolable.

 El nombre mismo de “Madre” conlleva lo más cariñoso y puro que existe en la vida del hombre, un verdadero e indescriptible “Amor”.
 ¿Sería posible para ti despreciar a tu madre o hablar mal de ella?
¿Te gustaría borrar su imagen de tu alma? 


Por eso, me parece claro que si queremos a Jesús como nuestro Señor y nuestro Salvador, ha de ser para nosotros una cosa normal experimentar sentimientos calurosos y profundos para la mujer a quien Él llamaba Madre.






 Honrarle a Él, y despreciar a su Madre, glorificarle a Él y empequeñecer a su Madre, esto no concuerda.
Y tan astuto el Maligno que atreves de la historia ha querido atacar y manchar la Maternidad de María Sma. Pero que ante este misterio divino nada ha podido hacer.
Los herejes Ebión, Cerinto y Arrio predicaron que Jesucristo era simplemente hombre y por eso María no era la Madre de Dios. Pero María estuvo velando a favor de la integridad de la Fe.
Viene luego Nestorio, quien fingiendo piedad por María, la saluda Madre de Jesucristo pero no del Verbo, pareciéndole ilógico que una creatura pudiera llamarse Madre del Creador, quitando así de la frente de la mas elegida entre las creaturas, la aureola excelsa de la divina maternidad.
Pero en el Concilio de Efeso (431), San Cirilo de Alejandría, el más valiente defensor de la divina maternidad y la figura más brillante de aquella magna asamblea, con elocuencia y lógica irrefutable, redujo a nada las argumentaciones erróneas de su adversario Nestorio, y puso en claro el concepto exacto del misterio que tan íntimamente une la divina encarnación del Verbo a la divina maternidad de la Virgen María.

En ese momento los padres del Concilio, con base en la divina Revelación, en la tradición y en el sentir universal del pueblo cristiano, definieron solemnemente que “la divinidad y humanidad, unidas en la única persona del Hijo de Dios, han constituido a Nuestro Señor Jesucristo, y por eso la Beatísima Virgen María es verdaderamente Theotokos, es decir, Madre de Dios”.


 Así, reconocemos en Él, el verdadero hijo de María, la Virgen de la ciudad de David, La hija de Sion, lo hacemos cada vez que recitamos el Credo de los Apóstoles: “Creo en Jesucristo nacido de la Virgen María”.
                                                                          Jaime García.

miércoles, 1 de mayo de 2013

María, Bendita entre todas las mujeres...


Nombre lleno de un gran y amoroso  misterio,
reflejo del silencio en la fe, confianza y aceptación
 plena de la voluntad de Dios…

Muchas Heroínas del antiguo testamento reunieron en si mismas privilegios y dones, pero todas ceden frente a la Virgen maría, como llamitas delante de un incendio, como riachuelos comparados con el mar. Frente a María todos deben inclinarse y reconocer su superioridad.
           A Ella, en homenaje, los apóstoles le ofrecen sus laureles; a Ella los mártires le brindan sus palmas; a Ella las vírgenes le entregan sus lirios; a sus pies los confesores depositan sus coronas; a Ella los reyes le ceden sus cetros; a Ella los fieles cristianos le dirigen sus votos y súplicas.
          Los teólogos y pensadores cristianos ilustraron con admirable doctrina sus privilegios y sus glorias; los poetas la celebraron con sus versos inmortales y los artistas mas insignes le dedicaron sus obras maestras.
                Nosotros, haciendo eco a todos ellos, repetimos dirigiéndonos a Ella como lo hizo el divino poeta Dante Alighieri:

                                En ti misericordia, en ti piedad,
                             en ti magnificencia, en ti se aduna
                             cuanto en creaturas hay bondad.
                                                      (Divina comedia, Paraíso, canto 33)

Qué bello es hablar de la Madre de Dios, pero a la vez tan difícil pues las palabras son tan cortas para describir a la maravilla de Dios.

Más hoy hago mías estas palabras:

“¿Dónde encontraré yo, Virgen excelsa alabanzas que correspondan a tu merito? Tu eres para mí, Oh gran mujer, un prodigio que supera todo pensar y todo creer”… (1)

“Aunque habláramos las lenguas de los Ángeles y de los hombres estas no serian suficientes para tributar el debido honor a la gran Virgen Madre”... (2)

“El Señor podría crear un cielo más estrellado, una tierra más hermosa, innumerables mundos, pero no una creatura más grande que María, porque , para crear un ser mas grande, sería necesario pensar en un Dios más grande que aquel Dios que en su seno purismo tomó carne humana”…(3)

     Pero sin duda el hablar de Ella, inunda el corazón de alegría, de un sentimiento indescriptible que incluso   de ese gran amor brotan las lágrimas.
Cuanto amor tienes para mí Madre, cuanta misericordia y yo tan ingrato que no lo he sabido valorar, Tú conoces mi corazón, Tú me conoces plenamente y me has acompañado a lo largo de mi vida y sabes cuánto te amo, más me duele reconocer que indigno soy de llamarte Madre, pero sé que aun en esos momentos en que me alejo de la gracia, en el que ofendo con mi pecado a tu Divino Hijo, es cuando más estas a mi lado…
     Quisiera ser aquel santo monje, que tuvo la dicha de verte y no me importaría quedar ciego si por un instante te pudiera contemplar, mas es grande tu misericordia que después de a verte contemplado aquel hombre por  dos breves momentos y quedar ciego,  viendo tu con cuanta alegría aceptaba el vivir en la completa oscuridad te compadeciste de él y le devolviste la vista. A si mismo oh bella Señora, con arrepentido corazón te pido me rescates de la oscuridad en que vivo.

Hoy me consagro a tu inmaculado corazón y recibe esta oración como signo de mi voluntad de consagrarme a tí << Mamá mía, te amo, y Tú ámame y dale un sorbo de Voluntad de Dios a mi alma, y dame tu bendición para que pueda hacer todas mis acciones bajo tu mirada materna>>…
                                                                                                Jaime García.


(1) San Agustín.
(2) San Juan Crisóstomo.
(3) San Bernardo.