domingo, 1 de septiembre de 2013

UNA NIÑA SANTA...



Nace María. Nace una niña santa. Nada se nota en ella hasta que crece y comienza a hablar, a expresar sus sentimientos, a manifestar su vida interior. A través de sus palabras se conoce el espíritu que la anima. Se dan cuenta sus padres: esta niña es una criatura excepcional. Se dan cuenta sus compañeras: que se sienten atraídas por el candor de la niña y, a la vez, sienten ante ella recelo, respeto reverencial. Sus padres no saben si alegrarse o entristecerse. Para conocer lo sobrenatural hace falta tiempo y distancia. No ha habido nunca ningún genio contemporáneo; al contrario, siempre es considerado como un loco, un ambicioso o un soberbio.

Los niños hacen lo que ven hacer a los mayores. La niña santa no imita los defectos de los mayores y obra según sus convicciones. Cuando nació Juan Bautista, la gente se preguntaba "¿qué va a ser este niño?" (Lc 1,79). De María se preguntarían lo mismo. Ella comprende que, aunque quisiera hablar de lo mucho que lleva dentro, debe callar. Y tiene que vivir en completa soledad, de la que es un reflejo, el aislamiento del niño que crece entre gente mayor. 

María, llena de gracia, vivía como perfectísima hija de Dios, entre hombres que habían perdido la filiación divina, habían pecado, y sentían la tentación y sus inclinaciones al pecado. El hombre conoce la diferencia que hay entre lo bueno y lo malo, y cuando obra el mal, percibe la voz de la conciencia. Antes de pecar, la percibe y la desatiende, durante el pecado, la acalla con el gozo del pecado, después de pecar, la oye y quisiera no oírla. Este es el conocimiento del mal, que no procede de Dios, sino de haberse separado de El. María no conoce el mal por experiencia, sino por infusión de Dios. No había pecado nunca. Por eso no entendía a la gente y se sentía sola. Experimentaba que sólo ella era así. Si hubiera vivido en un desierto, no hubiera padecido tanto, pero en Nazaret, aldea pequeña, con fama de pendenciera y poca caritativa, es tenida por orgullosa, la que era la más humilde. Como los niños viven su mundo aparte de los mayores, así tiene que vivir María entre su gente. 

Y una mujer así, ¿nos puede comprender?, ¿puede ser nuestra madre? Sí porque María es una mujer comprometida con todo el género humano. María fue la pobre de Yahvé. Los pobres de Dios nunca preguntan, nunca protestan. Se abandonan en silencio y depositan su confianza en las manos del Señor y Padre. 

Con el Concilio Vaticano II hemos recuperado la Biblia. También la Liturgia en castellano. También la Iglesia, no como una pirámide, sino como pueblo de Dios. De la misma manera hemos de recuperar a María, como Hermana en la fe, Madre en la fe. María peregrinó en la fe como todos los cristianos. Se abandonó a Dios. Pudo ser lapidada, al quedarse encinta, pudo ser repudiada... Es la pobre de Yahvé. 

Querríamos saber más cosas de María. El evangelio nos dice muy poco de Ella. Pero, si bien lo miramos, implícitamente nos dice mucho, todo. Porque Jesús predicó el Evangelio que, desde que abrió los ojos, vio cumplido por su Madre. Los hijos se parecen a sus padres. Jesús sólo a su Madre. Era su puro retrato, no sólo en lo físico, en lo biológico, sino también en lo psíquico y en lo espiritual.

Oración

María, en este día que festejamos tu nacimiento, te pido que me ayudes a estar siempre cerca de ti y de tu Hijo Jesús.

miércoles, 14 de agosto de 2013

FUNDAMENTO DEL DOGMA DE LA ASUNCIÓN...







El Papa Pío XII bajo la inspiración del Espíritu Santo, y después de consultar con todos los obispos de la Iglesia Católica, y de escuchar el sentir de los fieles, el primero de Nov. de 1950, definió solemnemente con su suprema autoridad apostólica, el dogma de la Asunción de María. Este fue promulgado en la Constitución "Munificentissimus Deus":

"Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que La Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo".







¿Cual es el fundamento para este dogma? El Papa Pío XII presentó varias razones fundamentales para la definición del dogma:

1-La inmunidad de María de todo pecado: La descomposición del cuerpo es consecuencia del pecado, y como María, careció de todo pecado, entonces Ella estaba libre de la ley universal de la corrupción, pudiendo entonces, entrar prontamente, en cuerpo y alma, en la gloria del cielo.

2-Su Maternidad Divina: Como el cuerpo de Cristo se había formado del cuerpo de María, era conveniente que el cuerpo de María participara de la suerte del cuerpo de Cristo. Ella concibió a Jesús, le dio a luz, le nutrió, le cuido, le estrecho contra su pecho. No podemos imaginar que Jesús permitiría que el cuerpo, que le dio vida, llegase a la corrupción.

3-Su Virginidad Perpetua: como su cuerpo fue preservado en integridad virginal, (toda para Jesús y siendo un tabernáculo viviente) era conveniente que después de la muerte no sufriera la corrupción.

4-Su participación en la obra redentora de Cristo: María, la Madre del Redentor, por su íntima participación en la obra redentora de su Hijo, después de consumado el curso de su vida sobre la tierra, recibió el fruto pleno de la redención, que es la glorificación del cuerpo y del alma.

La Asunción es la victoria de Dios confirmada en María y asegurada para nosotros. La Asunción es una señal y promesa de la gloria que nos espera cuando en el fin del mundo nuestros cuerpos resuciten y sean reunidos con nuestras almas.


                                                                                            Madre Adela Galindo SCTJM


martes, 30 de julio de 2013

María, me hacen falta manos...






María, después de haber vivido tantos años con Jesús, estabas segura del amor de tu Hijo. Habían crecido muy cercano el uno del otro. Conocías muy bien el plan de amor que Dios tenía para los hombres. Conocías la atención de Dios a sus necesidades. Sabías que no puede resistir al grito de angustia.

María, me hacen falta manos. Enséñame, como lo hiciste con los servidores de Cana, a calmar mis angustias, a esperar, vigilante, los susurros del Espíritu de Jesús: “Haced todo lo que él os diga”.
 

Necesito un corazón como el tuyo para sustituir mis preocupaciones egoístas centradas en mis propias cosas; dame una confianza como la tuya para sustituir mi ansiedad; dame una disponibilidad como la tuya para hacer todo lo que se me pide.

Yo también he visto su gloria y he creído. Pero mi fe es débil; olvido ¡tan rápido! Enséñame a meditar en mi corazón las grandes cosas que ha hecho por mí y permanece a mi lado. Virgen fiel, al pie de la cruz que me enseña y hacia la cual me lleva.









lunes, 15 de julio de 2013

EL ESCAPULARIO DE LA VIRGEN DEL CARMEN...






Quienes reciben la imposición de este Escapulario y lo visten habitualmente, necesitan saber las razones que la iglesia ha tenido para autorizarlo y recomendarlo, bendiciendo e indulgenciando a sus devotos.

De este modo lograrán que les sirva de medio en su perfeccionamiento en la fe de Cristo y alcanzarán con más facilidad la saludable ayuda de la Virgen Santísima, Madre espiritual y medianera de todas las gracias, a la que pretenden honrar. Ella, a los que vivan esta común consagración carmelitana, significada en el Escapulario, los conducirá a una más plena participación de los frutos del Misterio Pascual.

El Escapulario es un símbolo de la protección de la Madre de Dios a sus devotos y un signo de su consagración a María. Nos lo dio La Santísima Virgen. Se lo entregó al General de la Orden del Carmen; San Simón Stock, según la tradición, el 16 de julio de 1251, con estas palabras: «Toma este hábito, el que muera con él no padecerá el fuego eterno».
Alude a este hecho el Papa Pío XII cuando dice: «No se trata de un asunto de poca importancia, sino de la consecución de la vida eterna en virtud de la promesa hecha, según la tradición, por la Santísima Virgen».

Privilegio sabatino
También reconocida por Pío XII, existe la tradición de que la Virgen, a los que mueran con el Santo Escapulario y expían en el Purgatorio sus culpas, con su intercesión hará que alcancen la patria celestial lo antes posible, o, a más tardar, el sábado siguiente a su muerte.
Resumen de las promesas
1. Morir en gracia de Dios.
2. Salir del Purgatorio lo antes posible.
Interpretación
Alcanzar estas promesas supone siempre el esfuerzo personal colaborando con la gracia de Dios. Nos lo enseña con toda claridad el Concilio Vaticano II: «La verdadera devoción... procede de la fe auténtica, que nos induce a reconocer la excelencia de la Madre de Dios, que nos impulsa a un amor filial hacia nuestra Madre y a la imitación de sus virtudes».

Ayuda en la vida
Tanto en los peligros espirituales como en los corporales. Hay muchos hechos que lo atestiguan.

Vinculaciones
El que recibe el Escapulario es admitido en la familia de la Madre de Dios y de la Orden Carmelitana.
Por ello participa de los privilegios, gracias e indulgencias que los Sumos Pontífices han concedido a la Orden del Carmen.
Se beneficia, además, de los méritos, de las penitencias y de las oraciones que se hacen en todo el Carmelo.

Objetivo
Ir más fácilmente a Jesús, según la enseñanza del Concilio Vaticano II: «Los oficios y los privilegios de la Santísima Virgen,siempre tienen por fin a Cristo, origen de toda verdad, santidad y piedad».
Por eso afirmó Pío XII que «nadie ignora, ciertamente, de cuánta eficacia sea para avivar la fe católica y reformar las costumbres, el amor a la Santísima Virgen, Madre de Dios, ejercitado principalmente mediante aquellas manifestaciones de devoción, que contribuyen en modo particular a iluminar las mentes con celestial doctrina y a excitar las voluntades a la práctica de la vida cristiana. Entre éstas debe colocarse, ante todo, la devoción del Escapulario de los carmelitas».

Es una devoción y una forma de culto
Prueban lo primero, incluyéndolo entre las prácticas y ejercicios de piedad marianas, recomendados por el Concilio Vaticano II, las palabras de Pablo VI: «Creemos que entre estas formas de piedad mariana deben contarse expresamente el Rosario y el uso devoto del ESCAPULARIO DEL CARMEN». Y añade tomando las afirmaciones de Pío XII: «Esta última práctica, por su misma sencillez y adaptación a cualquier mentalidad, ha conseguido amplia difusión entre los fieles con inmenso fruto espiritual».

También destaca entre las más antiguas formas de culto, especial y necesario a María Santísima, que cooperan a que «al ser honrada la Madre, sea mejor conocido, amado, glorificado el Hijo, y que, a la vez, sean mejor cumplidos sus mandarniento» (L.G. 66). La celebración de la Virgen del Carmen, 16 de julio, está entre las fiestas «que hoy, por la difusión alcanzada, pueden considerarse verdaderamente eclesiales» (Marialis Cultus 8).
«Este culto se convierte en camino a Cristo, fuente y centro de la comunión eclesiástica» (M. C. 32).

Espiritualidad
Quien entra en comunión con la familia consagrada al amor, a la veneración y al culto a María, queda señalado con un peculiar carácter mariano de espíritu de oración y contemplación, de los diversos modos de apostolado y de la vida misma de abnegación. Asume también un compromiso de imitar a María.
Este don de la Virgen es signo de las muchas gracias que puede ella conceder, como consecuencia de su privilegiada e íntima participación en la historia de la salvación.
Entraña, pues, la experiencia de unas vivencias marianas y espirituales. Ya que «ante todo, la Virgen María ha sido propuesta siempre por la Iglesia a la imitación de los fieles... porque en sus condiciones concretas de vida Ella se adhirió total y responsablemente a la voluntad de Dios» (M. C. 35).

Compromiso
Vida mariana. Es decir: Vivir en obsequio de Jesucristo y de su Madre. Nuestra vida ha de estar informada por la luz y el amor de María, unido estrechamente al de Cristo. El fruto del Escapulario consistirá en que quien lo lleve se esfuerce eficazmente en la imitación de las virtudes de la Santísima Virgen.
Representa la participación en el carisma de la Orden del Carmen, siendo señal como de un contrato entre la Virgen y nosotros, por el cual Ella nos protege y nosotros le estamos consagrados.

La Medalla escapulario
Está autorizado su uso con tal de que por un lado lleve la imagen del Sagrado Corazón de Jesús y por el otro una de la Santísima Virgen: La imposición debe realizarse con Escapulario de tela. A pesar de ello, el mismo San Pío X, al conceder esta dispensa, recomendó el uso del Escapulario de tela. Este es más simbólico, por ser una expresión abreviada del hábito del Carmen,

Indulgencias
Se puede ganar indulgencia plenaria:
1.- El día que se inscribe en la Cofradía.
2.- En la Solemnidad de la Sma. Virgen del Carmen, el 16 de julio.
3.- En la festividad de San Simón Stock, el 16 de mayo.
4.- En la festividad de San Elías, Profeta, el 20 de julio.
5.- En la festividad de Santa Teresa de Jesús, el 15 de octubre.
6.- En la festividad de San Juan de la Cruz, el 14 de diciembre.
7.- En la festividad de Sta. Teresita del Niño Jesús, el 1 de octubre.
8.- En la festividad de Todos los Santos de la Orden, el 14 de noviembre.

Los signos en la vida humana
Vivimos en un mundo hecho de realidades materiales llenas de simbolismo: la luz, el fuego, el agua...
Existen también, en la vida de cada día experiencias de relación entre los seres humanos, que expresan y simbolizan cosas más profundas, como el compartir la comida (signo de amistad), participar en una manifestación masiva (signo de solidaridad), celebrar juntos un aniversario nacional (símbolo de identidad).
Tenemos necesidad de signos o símbolos que nos ayuden a comprender y vivir hechos de hoy o de ayer, y nos den conciencia de que somos como personas y como grupos.

Los signos en la vida Cristiana
Jesús es el gran don y signo del amor del Padre. Él estableció la Iglesia como signo e instrumento de su amor. En la vida cristiana hay también signos. Jesús los utilizó: el pan, el vino, el agua, para hacernos comprender realidades superiores que no vemos ni tocamos.
En la celebración de la Eucaristía y de los Sacramentos (Bautismo, Confirmación, Reconciliación, Matrimonio, Orden Sacerdotal, Unción de los enfermos) los símbolos (agua, aceite, imposición de las manos, anillos) expresan su sentido y nos introducen en una comunicación con Dios, presente a través de ellos.
Además de los signos litúrgicos, existen en la Iglesia otros, ligados a un acontecimiento, a una tradición, a una persona. Uno de ellos es el Escapulario del Carmen.

El Escapulario. Un signo Mariano
Uno de los signos de la tradición de la Iglesia, desde hace siete siglos, es el Escapulario de la Virgen del Carmen. Es un signo aprobado por la Iglesia y aceptado por la Orden del Carmen como manifestación externa de amor a María, de confianza filial en ella y como compromiso de imitar su vida.
La palabra "escapulario" indica un vestido superpuesto, que llevaban los monjes durante el trabajo manual. Con el tiempo se le fue dando un sentido simbólico: el de llevar la cruz de cada día, como discípulos y seguidores de Jesús.
En algunas Órdenes religiosas, como en el Carmelo, el Escapulario se convirtió también en signo de su manera de ser y de vivir.
El Escapulario pasó a simbolizar la dedicación especíal de los carmelitas a María, la Madre del Señor, y a expresar la confianza en su protección maternal; el deseo de imitar su vida de entrega a Cristo y a los demás. Se transformó en un signo mariano.

De las Órdenes Religiosas al pueblo de Dios
En la Edad Media, muchos cristianos quisieron asociarse a las Órdenes religiosas fundadas entonces: Franciscanos, Dominicos, Agustinos, Carmelitas. Surgió un laicado asociado a ellas, por medio de Cofradías o Hermandades. Todas las Ordenes religiosas quisieron dar a los laicos un signo de su afiliación y participación en su espíritu y en su apostolado. Ese signo era una parte de su hábito: la capa, el cordón, el escapulario.
Entre los carmelitas se llegó a establecer el escapulario reducido en tamaño, como la señal de pertenencia a la Orden y la expresión de su espiritualidad.

El valor y el sentido del Escapulario
El Escapulario hunde sus raíces en la tradición de la Orden, que lo ha interpretado como signo de protección materna de María. Tiene, en sí mismo, a partir de esa experiencia plurisecular, un sentido espiritual aprobado por la Iglesia.
Representa el compromiso de seguir a Jesús, como María, el modelo perfecto de todo discípulo de Cristo. Este compromiso tiene su origen en el bautismo que nos transforma en hijos de Dios.
La Virgen nos enseña a:
  • Vivir abiertos a Dios y a su voluntad, manifestada en los acontecimientos de la vida.
  • Escuchar la Palabra de Dios en la Biblia y en la vida, a creer en ella y a poner en práctica sus exigencias
  • Orar en todo momento, descubriendo a Dios presente en todas las circunstancias
  • Vivir cercanos a las necesidades de nuestros hermanos y a solidarizarnos con ellos.
Introduce en la fraternidad del Carmelo, comunidad de religiosos y religiosas, presentes en la Iglesia desde hace más de ocho siglos, y compromete a vivir el ideal de esta familia religiosa: la amistad íntima con Dios en la oración.
Coloca delante el ejemplo de los santos y santas del Carmelo, con los que se establece una relación familiar de hermanos y hermanas.
Expresa la fe en el encuentro con Dios en la vida eterna, mediante la ayuda de la intercesión y protección de María.

Normas prácticas
El escapulario es impuesto, sólo la primera vez, por un sacerdote o por una persona autorizada
Puede ser sustituido por una medalla que tenga por una parte la imagen del Sgdo. Corazón y por otra la de la Virgen
El Escapulario exige un compromiso cristiano auténtico: vivir de acuerdo con las enseñanzas del evangelio, recibir los sacramentos y profesar una devoción especial a la Sma. Virgen que se expresa, al menos, con la recitación cotidiana de tres avemarías.

Fórmula Breve para la imposición del escapulario
Recibe este Escapulario, signo de una relación especial con María, la Madre de Jesús, a quien te comprometes a imitar. Que este Escapulario te recuerde tu dignidad de cristiano, tu dedicación al servicio de los demás y a la imitación de María.
Llévalo como señal de su protección y como signo de tu pertenencia a la familia del Carmelo, dispuesto a cumplir la voluntad de Dios y a empeñarte en el trabajo por la construcción de un mundo que responda a su plan de fraternidad, justicia y paz.

El Escapulario del Carmen
NO ES:
Un signo protector mágico
Una garantía automática de salvación.
Una dispensa de vivir las exigencias de la vida cristiana.

ES UN SIGNO:
Aprobado por la Iglesia desde hace siete siglos.

Que representa el compromiso de seguir a Jesús como María:
  • Abiertos a Dios y a su voluntad.
  • Guiados por la fe, la esperanza y el amor.
  • Cercanos a las necesidades de los demás.
  • Orando en todo momento y descubriendo a Dios presente en todas las circunstancias.


Que aumenta la esperanza del encuentro con Dios en la vida eterna con la ayuda de la protección e intercesión de María.

viernes, 12 de julio de 2013

Quiero que comprendas mejor mis alegrías…



    María le dice a María Valtorta: «quiero que comprendas mejor mis alegrías. (…) 

En mi primera alegría lo que me agradó no fue mi gloria ni mi alegría, sino que haya 

En mi segunda alegría, no es la alabanza de mi prima lo que me dio alegría, sino el haber dado la señal de la redención para la santificación de Juan Bautista llevándole a su casa a Jesús, vuestro Redentor. 

La alegría de la tercera no sería únicamente por ser madre (…). La verdadera razón fue porque a partir de entonces, la tierra tenía su Salvador. 

El motivo de mi cuarta alegría fue que yo había visto bajo los pasos de los tres Magos, todo lo que a partir de ese momento iba a venir del mundo entero y en toda época, de la tierra hacia la Luz, hacia mi Señor, e iban a proclamarlo Rey, Salvador y Dios. 

Mi quinta alegría no se debió al hecho de que mi amor de Madre dejara de sufrir cuando encontré a mi Hijo perdido, eso hubiera sido egoísmo. Era una alegría inexplicable de oir resonar por la primera vez la “Buena Nueva” y comprender que caería en ciertos corazones y germinaría en planta para la eternidad. 

Mi sexta alegría fue todavía mayor para vosotros, las criaturas salvadas. El resucitado me decía que los cielos estaban abiertos y ya habitados por los santos del Señor que esperaban esa hora desde hacía siglos y que en los cielos, el lugar de miles de salvados estaba ya preparado. Para mí que soy vuestra Madre, significaba una alegría de profundidad incalculable saber que vuestra morada estaba ya lista. 

Mi séptima alegría no se debió a mi gloria, sino que al convertirme gracias a la bondad de Dios en Reina de los Cielos, yo podia así ocuparme de vosotros, mis hijos amados… »

 
 

Fragmentos de los Cuadernos de 1944, de María Valtorta 
 

jueves, 4 de julio de 2013

Jesús llevó la paz mientras estaba en el seno de María...

    

                          



                    


Dios amó tanto al mundo que le entregó su único Hijo - era ya un hecho. Dios le dio su Hijo a la Virgen María, ¿y qué fue lo que Ella hizo? En cuanto Jesús vino a la vida de María, Ella inmediatamente fue a dar las buenas noticias. Y entró a la casa de su prima Isabel. Las Escrituras dicen, el niño dentro del vientre de Isabel, saltó de gozo. Desde el vientre de María, Jesús trajo paz a Juan el bautista. 


Como si no fuera suficiente que Dios hijo se hiciera uno de nosotros y nos trajera paz y gozo mientras se encontraba en el vientre de María, Jesús también murió en la cruz para demostrar un amor aún más grande. El murió por ti y por mí, y por el leproso, y por el que muere de hambre, y por el que se encuentra desnudo y tendido en la calle, no sólo de Calcuta, sino de África, y de todos lados. 


Nuestras hermanas sirven a los pobres en 105 países alrededor del mundo. Jesús insistió que nos amáramos los unos a los otros como El nos ama. Jesús dio su vida por amor a nosotros y nos dice que nosotros también debemos dar lo que sea para hacer el bien al prójimo. En los Evangelios, Jesús dice claramente: "Ámense como yo los he amado." 



Bienaventurada Madre Teresa de Calcuta (+ 1997)
Extracto del discurso pronunciado en ocasión del Nacional Prayer Breakfast
organizado por la Asamblea y el Senado americanos, el 3 de febrero de 1994



Los Papas y el Rosario...






Recordemos: El Papa Juan Pablo II - quien añadió los Misterios Luminosos del Rosario - solía decir el Rosario todos los días en los jardines del Vaticano. El Padre O'Sullivan nos muestra cómo esta devoción mariana ha sido una oración constante de los papas.


Desde en tiempos de la Santo Domingo († 1221), un sinnúmero de pontífices emitieron decretos, rescriptos, cartas y aprobaciones de todo tipo, escritos en términos de lo más elocuente e impresionante en favor del Rosario. He aquí algunos de esos panegíricos:


"Los cristianos reciben todos los días inmensos beneficios a través del Rosario" (Urbano IV, †1264)


"El Rosario nos ha sido dado específicamente para servir como protección contra los grandes peligros y males que amenazan al mundo." (León X, † 1521)


Mediante el Rosario, Santo Domingo apaciguó la ira de Dios contra Francia e Italia. (Pablo II, † 1471).

"Con el Rosario, expulsamos al diablo lejos de nosotros." (Adriano VI, † 1523)


La confianza que Bonifacio VIII († 1303) depositó en el Rosario era de forma ilimitada hasta el punto que pidió ser enterrado con ropa decorada con los Misterios del Rosario. Este acto de confianza filial le agradó tanto Dios que su cuerpo fue encontrado intacto después de 300 años.


Clemente VIII († 1394) fue el autor de no menos de 19 bulas en favor del Rosario. Cuando fue elegido Papa, y tuvo que cambiarse el vestido de Cardenal por la vestimenta papal, se le vio afanado buscando en los bolsillos su rosario.


R. P. Paul O’ Sullivan, o.p. (E.D.M.)
Le Secret de la Prière, Comme être heureux, Comment être saint,
Ed. do Corso Santo, Lisboa, Portugal, 1943, Cap. 13.

viernes, 28 de junio de 2013

María, causa de salvación...



 


María, acogiendo la Salvación, es definida como la “causa de salvación” para aquellos cuya muerte fue causada por Eva. María sabe deshacer los nudos de la desobediencia y de la muerte: 


“Pues, de la misma manera que Eva, teniendo por esposo a Adán, y no obstante aun virgen - porque estaban ambos desnudos en el paraíso y no se avergonzaban (Génesis 2,25) porque, creados poco tiempo antes, no sabían lo que era la procreación: tenían que crecer primero y solamente entonces multiplicarse (Génesis1,28) – igual que Eva, desobedeciendo se volvió causa de muerte para ella misma y para todo el género humano, igual que María, teniendo por esposo aquel que se le había destinado, y no obstante Virgen, se convirtió, obedeciendo, en causa de salvación (He 5,9) para ella misma y para todo el género humano. 



Por eso la Ley da a aquella que está comprometida con un hombre, aunque siga siendo virgen, el nombre de esposa de aquel que se comprometió con ella (Dt 22, 23-24), significando en esta manera lo que sucede de María a Eva. Porque lo que fue atado solamente no puede ser liberado a menos que se inviertan los lazos del mundo”. 





 
 
San Ireneo, 
Contra las herejías, III,22,4 
 
 
 
 


domingo, 9 de junio de 2013

EL CORAZÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA...

Excelencia de esta devoción...








Penetremos mas en particular en los motivos que deben movernos a esta devoción tan tierna y encendida al Purísimo  Corazón de la Santísima Virgen y siendo en si misma esta devoción tan preciosa.
El corazón mismo de la Santísima Virgen, salta a la vista cuan digno es de Ella, es el instrumento del que se valió el Espíritu  Santo principalmente para la obra de la Encarnación…
De aquel Purísimo e Inmaculado corazón, brotó la sangre preciosísima de la que se formó el cuerpo y hasta el mismo Corazón Sacratísimo de Cristo!!!
De allí tomó el Señor aquella sangre que había de ofrecer en la Cruz para la salvación de la humanidad.
Era aquel Corazón el centro y el foco de la vida de la Santísima Virgen, todos sus latidos, todos sus más mínimos movimientos, participaron de los meritos incalculables que, en cada instante de su vida, mereció María.







¡Como se estremecería en la Anunciación cuando lanzó la sangre a colorar aquellas mejillas que se turbaron ante la presencia del Ángel y al escuchar sus palabras!...
¡Qué emoción cuando contempló el rostro de Jesús por primera vez!!
Que encogimiento y ahogo en los sobresaltos de la huida a Egipto!...
Y cuando el anciano Simeón le clavó aquella espada de dolor, ¡que latidos tan apresurados no daría aquel corazón! Y ¡cómo aun hubieron de acrecentarse estos latidos en la pérdida del Niño y sobre todo en la Pasión y muerte de su Hijo tan divino!...





¡Ah! Cuántas veces se hubiera parado y hubiera dejado de sostener a aquella preciosísima vida contraído y apretado por la fuerza de la alegría, unas veces o por la violencia del dolor, otras si Dios no la hubiera sostenido…


¿No te parece que todo esto es más que suficiente para hacer  amable y excelente a esta devoción?









Si contemplas al corazón de la Santísima Madre, como el órgano sensible de su amor, como al instrumento que recibía todas las impresiones para convertirlas en amor, para encenderse y abrazarse más y más en el fuego de su amor. Esto sí es difícil de conocer, mejor será sentirlo…





Penetra en aquel Corazón abrazado y encendido y suplica a la Santísima Virgen te encienda en él y abrace también el tuyo, que tu corazón participe, algo al menos, de aquel amor en que el Purísimo Corazón de María rebosa…


                                                                                            Jaime García.




sábado, 18 de mayo de 2013

María, la misión del Espíritu Santo






El Corazón de María está lleno, en abundancia, del divino Espíritu.


El día después de la fusión de la sociedad del Sagrado Corazón de María a la congregación del Santo Espíritu, Libermann consigna en los «Reglamentos»:

«La Congregación... consagra especialmente sus miembros al Espíritu Santo, autor y consumador de toda santidad e inspirador del espíritu apostólico y al Inmaculado Corazón de María, lleno del divino Espíritu, del cumplimiento de la santidad y del apostolado, y participando de la manera más perfecta posible a la vida y al sacrificio de Jesucristo, su Hijo, para la redención del mundo...

Considerarán el inmaculado corazón de María como un modelo perfecto de fidelidad a todas las santas inspiraciones del divino Espíritu y de la práctica interior de las virtudes de la vida religiosa y apostólica. Encontrarán allí un refugio, al cual podrán recurrir en sus trabajos y sus penas...»
Jacob Libermann († 1852)









Esa irrupción de la Santísima Trinidad en el alma.

La irrupción de la Santísima Trinidad en el alma es el misterio insondable de Pentecostés. Ese misterio se da al lado de María, alrededor de María, en presencia de María y con María.

La presencia de la divina Trinidad en ella, María va a comunicarla a los Apóstoles, y a través de ellos a todas las almas que quieran seguir a Cristo. Todo lo ocurrido el día de la Ascensión, María va a guardarlo en su corazón. Instruida por el ejemplo de su Hijo, María ha comprendido la voluntad de su Padre en ella.

« Hágase tu voluntad »: El fiat de la Anunciación y el fiat de la Cruz llevan a María al fiat de la Ascensión Jesús ha desaparecido ante sus ojos carnales y es un misterio de separación el que le falta vivir, un desprendimiento más puro y más perfecto todavía que todos los que hasta ahora ha vivido. María no duda un instante. De nuevo se da prisa en reunir a los apóstoles.

Los acontecimientos tan desconcertantes pudieron dispersarlos una vez más; pero María contempla. Ella ve más allá de las apariencias.






Marie–Benoîte Angot
Adorar a María, Editions le Sarment







jueves, 9 de mayo de 2013

LA MATERNIDAD ESPIRITUAL DE MARÍA SANTÍSIMA.





“La maternidad espiritual de María no se limita a su cooperación histórica 
a la obra de Cristo, sino que perdura también después de su asunción 
al cielo y hasta la perpetua coronación de los elegidos. 
Se manifiesta, bien a través de una múltiple intercesión para 
obtener a los hombres los dones de la salvación, bien a través de la 
solicitud materna por sus hijos que se encuentran aún en medio de
 los peligros y los afanes de la vida” (LG 61-62).


Si la Virgen María, por la Encarnación llegó hacer la madre del Verbo, desde el altar de la Cruz fue solemnemente proclamada Madre nuestra. En Juan estaban representados todos los hombres. El corazón de María desde aquel momento empezó a latir por nosotros con su intenso afecto. Ella se sintió constituida Madre de Gracia y de Misericordia, aunque en medio de la tremenda angustia de un dolor que la humanidad no olvidará nunca.
Sí, el amor es hijo del dolor. Desde la Cruz del Señor Jesús, al mismo tiempo que le entregaba a Juan, tuvo que darle a la Madre una infinita capacidad de afecto, y un inmenso corazón como el cielo y profundo como los abismos del mar, para así ser digna madre de un pueblo sin número.
La Virgen, como Madre que es, nos ama con un amor que no conoce los límites de lo terreno y lo humano, porque se alimenta únicamente del amor infinito con el cual Dios ha amado a los hombres.




Como diría Santo Tomás de Aquino:

          “El amor de Dios y del prójimo son como dos ríos que brotan de la misma fuente y no                                difieren sustancialmente entre ellos, teniendo una misma razón formal que los vivifica y alimenta”.

Para entender el amor que la Virgen nos tiene, sería necesario entender ante todo el amor que ella tiene por Dios. La Virgen nos ama porque ve en nosotros no tanto la obra de la naturaleza, sino la de la gracia; porque ve en nuestras almas lavadas por la sangre de la Victima Divina; porque  reconoce en nosotros la imagen adorable de su Hijo Jesús.


Te venero, oh gran reina, y te agradezco todas las gracias que hasta ahora me has hecho. Te suplico que inflames mi corazón de amor por tu divino Hijo.
Te amo, Señora amabilísima y por el amor que te tengo, te prometo servirte siempre y hacer todo lo posible para que junto a tu amado Hijo sean el centro y fuerza de mi familia.
A ti consagro mi vocación, se tu mi maestra, cuida de ella, especialmente en estos momentos de oscuridad y desesperación.
Oh Madre de Misericordia, acéptame como tu servidor y acógeme bajo tu manto, y ya que eres tan poderosa para con Dios, líbrame de todas las tentaciones, o alcánzame fuerzas para vencerlas hasta la muerte.
Te ruego siempre me ayudes, no me desampares mientras no veas salvo en el Cielo, cantando tus misericordias por toda la eternidad…
                                                                               
                                                                      Jaime García.