martes, 30 de julio de 2013

María, me hacen falta manos...






María, después de haber vivido tantos años con Jesús, estabas segura del amor de tu Hijo. Habían crecido muy cercano el uno del otro. Conocías muy bien el plan de amor que Dios tenía para los hombres. Conocías la atención de Dios a sus necesidades. Sabías que no puede resistir al grito de angustia.

María, me hacen falta manos. Enséñame, como lo hiciste con los servidores de Cana, a calmar mis angustias, a esperar, vigilante, los susurros del Espíritu de Jesús: “Haced todo lo que él os diga”.
 

Necesito un corazón como el tuyo para sustituir mis preocupaciones egoístas centradas en mis propias cosas; dame una confianza como la tuya para sustituir mi ansiedad; dame una disponibilidad como la tuya para hacer todo lo que se me pide.

Yo también he visto su gloria y he creído. Pero mi fe es débil; olvido ¡tan rápido! Enséñame a meditar en mi corazón las grandes cosas que ha hecho por mí y permanece a mi lado. Virgen fiel, al pie de la cruz que me enseña y hacia la cual me lleva.









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