domingo, 28 de abril de 2013

MARÍA, MADRE DE DIOS.


Desde los tiempos mas antiguos, la 
Santísima Virgen es venerada  con el titulo de
"Madre de Dios", a cuyo amparo los fieles
peligros y necesidades (Con. Vat. II, LG,66)

      Es el titulo mas grande de María. El concilio de Efeso (año 431) le re-confirmo solemnemente a la Virgen el titulo mas bello de su Gloria.

¿Qué significa ser la Madre de Dios?

 Quiere decir prestar a Dios una morada en donde él pueda honorablemente habitar.

Quiere decir dar a Dios una carne que sea digna de ser asumida y hecha propia por la misma santidad de Dios.

decir ser elevada a una dignidad sin comparación  superior a cualquier otra, una dignidad que, como dice el Doctor Angélico, Santo Tomás, en cierto modo es infinita, por razón del bien infinito que es Dios (Summa Theológica, I,q.25,a26).

Quiere decir que la Virgen puede decir a Cristo aquellas palabras inefables que el Padre, desde la eternidad, dirige al Hijo: "Tú eres mi Hijo, te he engendrado hoy" (Sal 2,7)

     El misterio es incomprensible, pero no por eso menos verdadero y cierto. La Virgen María es verdaderamente madre de Dios. Por María, Madre del Verbo Humanado, suspiraron los Patriarcas, la celebraron los Profetas y todas las generaciones cristianas le cantaron y cantan a lo largo de los siglos.

     La Virgen en verdad puede exclamar, en el éxtasis de su admiración y gratitud: ¡El Señor hizo en mí maravillas! (Lc. 1,49).

     Solamente la Virgen es la llena de gracia (Lc. 1,28), porque a ella le fueron concedidos los más insignes favores sobrenaturales y los privilegios más escogidos, por encima de todas las demás creaturas.

Por eso María, como Madre de Dios, es:
  • El místico monte sobre el cual se complace morar el Verbo de Dios;
  • El sagrario que Dios ha santificado con su presencia;
  • La mística aurora que precede al Sol que nace de lo alto;
  • El arca de la Nueva Alianza que el Altísimo santifico con su morada;
  • La mujer vestida del Sol;
  • La alegría de la tierra;
  • El honor del paraíso;
  • El terror del infierno;
  • La bendita entre todas las mujeres;
  • La mujer que ha cambiado el llanto de Eva en alegría.

María "la más tierna de las Madres, la más poderosa y augusta de las Reinas, la mas bella entre todas las creaturas; Quisiera tener la mente del divino poeta, la elocuencia de los doctores de la Iglesia, el corazón de un santo y la lengua de un ángel para hablarles de la Sma. Virgen"...

                                                                                                                                                            J.G.


sábado, 27 de abril de 2013

Para subir y unirse a Él, es preciso valerse del mismo medio del cual Él se valió para descender a nosotros


No es que esté exento de sufrimientos y cruces el que ha encontrado a María mediante la verdadera devoción: al contrario, más que a ningún otro le llegarán, porque María, que es la madre de los vivientes, da a sus hijos los trozos del Árbol de la Vida, que es la Cruz de Jesucristo; mas al repartirles buenas cruces, les da gracias para llevarlas con paciencia y aun con alegría (de suerte que las cruces que da Ella a los suyos son cruces de dulce, almibaradas más que amargas); o si por algún tiempo gustas la amargura del cáliz, que necesariamente han de beber los amigos de Dios, la consolación y gozo que esta buena Madre brinda, hace pasar la tristeza, les alienta infinitamente para llevar otras cruces, aun más amargas y pesadas.


Lo importante está, pues, en saber hallar de veras a la Bienaventurada Virgen María, para dar con la abundancia de todas las gracias. Dios, Dueño absoluto, puede por sí mismo comunicar lo que ordinariamente no comunica sino por medio de María; no podemos negar que alguna vez así lo haga; pero según el orden establecido por la Divina Sabiduría, como dice Santo Tomás, Dios no se comunica ordinariamente a los hombres, en el orden de la gracia, sino por María. Para subir y unirse a Él, es preciso valerse del mismo medio del cual Él se valió para descender a nosotros, para hacerse hombre y para comunicarnos sus gracias; y ese medio es una verdadera devoción a la santísima Virgen.



San Louis-Marie Grignion de Montfor

el secreto de María.