Nombre lleno de un
gran y amoroso misterio,
reflejo del silencio
en la fe, confianza y aceptación
plena de la voluntad de Dios…
Muchas Heroínas del antiguo
testamento reunieron en si mismas privilegios y dones, pero todas ceden frente
a la Virgen maría, como llamitas delante de un incendio, como riachuelos
comparados con el mar. Frente a María todos deben inclinarse y reconocer su
superioridad.
A Ella,
en homenaje, los apóstoles le ofrecen sus laureles; a Ella los mártires le
brindan sus palmas; a Ella las vírgenes le entregan sus lirios; a sus pies los
confesores depositan sus coronas; a Ella los reyes le ceden sus cetros; a Ella
los fieles cristianos le dirigen sus votos y súplicas.
Los teólogos
y pensadores cristianos ilustraron con admirable doctrina sus privilegios y sus
glorias; los poetas la celebraron con sus versos inmortales y los artistas mas
insignes le dedicaron sus obras maestras.
Nosotros,
haciendo eco a todos ellos, repetimos dirigiéndonos a Ella como lo hizo el
divino poeta Dante Alighieri:
En ti
misericordia, en ti piedad,
en ti magnificencia,
en ti se aduna
cuanto
en creaturas hay bondad.
(Divina
comedia, Paraíso, canto 33)
Qué bello es hablar de la Madre
de Dios, pero a la vez tan difícil pues las palabras son tan cortas para
describir a la maravilla de Dios.
Más hoy hago mías estas palabras:
“¿Dónde encontraré
yo, Virgen excelsa alabanzas que correspondan a tu merito? Tu eres para mí, Oh
gran mujer, un prodigio que supera todo pensar y todo creer”… (1)
“Aunque habláramos
las lenguas de los Ángeles y de los hombres estas no serian suficientes para
tributar el debido honor a la gran Virgen Madre”... (2)
“El Señor podría crear
un cielo más estrellado, una tierra más hermosa, innumerables mundos, pero no
una creatura más grande que María, porque , para crear un ser mas grande, sería
necesario pensar en un Dios más grande que aquel Dios que en su seno purismo tomó
carne humana”…(3)
Pero sin duda el hablar de Ella, inunda el corazón de alegría, de un sentimiento indescriptible que incluso de ese gran amor
brotan las lágrimas.
Cuanto amor tienes para mí Madre, cuanta misericordia y yo
tan ingrato que no lo he sabido valorar, Tú conoces mi corazón, Tú me conoces plenamente y
me has acompañado a lo largo de mi vida y sabes cuánto te amo, más me duele
reconocer que indigno soy de llamarte Madre, pero sé que aun en esos momentos en
que me alejo de la gracia, en el que ofendo con mi pecado a tu Divino Hijo, es
cuando más estas a mi lado…
Quisiera ser aquel santo monje, que tuvo la dicha de verte y
no me importaría quedar ciego si por un instante te pudiera contemplar, mas es
grande tu misericordia que después de a verte contemplado aquel hombre por dos breves momentos y quedar ciego, viendo tu con cuanta alegría aceptaba el vivir
en la completa oscuridad te compadeciste de él y le devolviste la vista. A si
mismo oh bella Señora, con arrepentido corazón te pido me rescates de la
oscuridad en que vivo.
Hoy me consagro a tu inmaculado corazón y recibe esta oración
como signo de mi voluntad de consagrarme a tí << Mamá mía, te amo, y Tú ámame y dale un sorbo de Voluntad de
Dios a mi alma, y dame tu bendición para que pueda hacer todas mis acciones
bajo tu mirada materna>>…
Jaime García.
(1) San Agustín.
(2) San Juan Crisóstomo.
(3) San Bernardo.


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