miércoles, 1 de mayo de 2013

María, Bendita entre todas las mujeres...


Nombre lleno de un gran y amoroso  misterio,
reflejo del silencio en la fe, confianza y aceptación
 plena de la voluntad de Dios…

Muchas Heroínas del antiguo testamento reunieron en si mismas privilegios y dones, pero todas ceden frente a la Virgen maría, como llamitas delante de un incendio, como riachuelos comparados con el mar. Frente a María todos deben inclinarse y reconocer su superioridad.
           A Ella, en homenaje, los apóstoles le ofrecen sus laureles; a Ella los mártires le brindan sus palmas; a Ella las vírgenes le entregan sus lirios; a sus pies los confesores depositan sus coronas; a Ella los reyes le ceden sus cetros; a Ella los fieles cristianos le dirigen sus votos y súplicas.
          Los teólogos y pensadores cristianos ilustraron con admirable doctrina sus privilegios y sus glorias; los poetas la celebraron con sus versos inmortales y los artistas mas insignes le dedicaron sus obras maestras.
                Nosotros, haciendo eco a todos ellos, repetimos dirigiéndonos a Ella como lo hizo el divino poeta Dante Alighieri:

                                En ti misericordia, en ti piedad,
                             en ti magnificencia, en ti se aduna
                             cuanto en creaturas hay bondad.
                                                      (Divina comedia, Paraíso, canto 33)

Qué bello es hablar de la Madre de Dios, pero a la vez tan difícil pues las palabras son tan cortas para describir a la maravilla de Dios.

Más hoy hago mías estas palabras:

“¿Dónde encontraré yo, Virgen excelsa alabanzas que correspondan a tu merito? Tu eres para mí, Oh gran mujer, un prodigio que supera todo pensar y todo creer”… (1)

“Aunque habláramos las lenguas de los Ángeles y de los hombres estas no serian suficientes para tributar el debido honor a la gran Virgen Madre”... (2)

“El Señor podría crear un cielo más estrellado, una tierra más hermosa, innumerables mundos, pero no una creatura más grande que María, porque , para crear un ser mas grande, sería necesario pensar en un Dios más grande que aquel Dios que en su seno purismo tomó carne humana”…(3)

     Pero sin duda el hablar de Ella, inunda el corazón de alegría, de un sentimiento indescriptible que incluso   de ese gran amor brotan las lágrimas.
Cuanto amor tienes para mí Madre, cuanta misericordia y yo tan ingrato que no lo he sabido valorar, Tú conoces mi corazón, Tú me conoces plenamente y me has acompañado a lo largo de mi vida y sabes cuánto te amo, más me duele reconocer que indigno soy de llamarte Madre, pero sé que aun en esos momentos en que me alejo de la gracia, en el que ofendo con mi pecado a tu Divino Hijo, es cuando más estas a mi lado…
     Quisiera ser aquel santo monje, que tuvo la dicha de verte y no me importaría quedar ciego si por un instante te pudiera contemplar, mas es grande tu misericordia que después de a verte contemplado aquel hombre por  dos breves momentos y quedar ciego,  viendo tu con cuanta alegría aceptaba el vivir en la completa oscuridad te compadeciste de él y le devolviste la vista. A si mismo oh bella Señora, con arrepentido corazón te pido me rescates de la oscuridad en que vivo.

Hoy me consagro a tu inmaculado corazón y recibe esta oración como signo de mi voluntad de consagrarme a tí << Mamá mía, te amo, y Tú ámame y dale un sorbo de Voluntad de Dios a mi alma, y dame tu bendición para que pueda hacer todas mis acciones bajo tu mirada materna>>…
                                                                                                Jaime García.


(1) San Agustín.
(2) San Juan Crisóstomo.
(3) San Bernardo.

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