miércoles, 8 de mayo de 2013

La Anunciación – La Madre de Dios...



Quiero compartir con ustedes esta pequeña reflexión que hoy en mi lectura espiritual he podido meditar, espero que al igual que a mí, esta reflexión acreciente y vivifique ese amor a la Santísima Madre.




El  << Fiat >> omnipotente. –Pero este << hágase>> de la esclavitud de María también es la expresión practica de su omnipotencia. Apenas pronunciado, el Espíritu Santo, como lo dijo el Ángel, la cobijo con su sombra protectora y llevo a cabo la obra de la Encarnación; en aquel momento se efectuó lo de “el Verbo se hizo carne” y comenzó a habitar entre nosotros.
¡Oh palabra de poder inmenso! –La pronuncia la omnipotencia de Dios y brotan de la nada los mundos.      –La dice María en el abismo de su humildad y aun obra más maravillas que el Creador.
Aquel Fiat saca de la nada las cosas. Este mismo Fiat saca a Dios de su Cielo, de su eternidad…, para que, sin dejar de ser Dios, comience a ser hombre.
Contempla a la Santísima Virgen y mira al Espíritu Santo cómo organiza en la inmaculada sangre de María el cuerpo de Jesucristo, para que ese cuerpo y esa sangre que toma de la Virgen, fuera la materia del sacrificio que para redimir al mundo ofreciera más tarde en la Cruz.
La divina maternidad.
Y María, en ese instante, queda convertida en verdadera Madre de Dios. –Dignidad altísima y maravillosa. Es infinita porque infinita es la dignidad del Hijo de Dios.
Desde ese momento, Dios está en María, no en imagen, no con su gracia sino con su persona misma divina; hay entre Dios y María una verdadera identidad en cuanto que la carne y sangre de su Hijo, son carne  y sangre de María. Por ella María, al ser Madre de Dios, adquiere la más alta autoridad, la autoridad de mandar a su Hijo, adquiere el más alto privilegio, el de un derecho especial al amor de su Hijo, y a recibir de Él todos los bienes de gracia y de gloria con el poder de comunicarlo a los demás.
En esta maternidad Divina se funda la verdad de que ella es nuestra Mediadora –Y una Mediadora omnipotente, por que participa por gracia de la omnipotencia que Dios tiene por naturaleza y además, es por esta maternidad la dispensadora de todas las gracias, ya que se ve claramente que Dios no quiere comunicarse a los hombres directamente, sino por medio de María, como lo hizo en la Encarnación.
Magnifica, sublime y divina esta maternidad; nunca llegaremos a sondear toda su profunda y altísima magnificencia. Dios puede crear más mundos, más ángeles, otros seres otros seres infinitamente más perfectos, pero no puede hacer una Madre mayor que la Madre de Dios.

PUNTOS BREVES DE MEDITACIÓN SOBRE LA VIDA,
 VIRTUDES Y ADVOCACIONES LITÚRGICAS

DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA.







LA MADRE DE DIOS ES MI MADRE...


-Pero también tiene unión con migo. Dios quiso que su Madre fuera también mi Madre y me amó ya desde entonces como tal. Ella deseaba entonces ardientemente que su Hijo naciera y redimiera al mundo pensando en mí. Ella quería entonces, lo mismo que ahora, tenerme a mí como verdadero hijo -como a su Jesús- que  yo me uniera con Ella, como estaba con Jesús, para que yo como Jesús, participara de aquella vida.
¡Qué dicha la mía, tener una madre que ha merecido ser la Madre de Dios! Por ella adquirimos un parentesco con Jesús. –Jesús y yo somos hermanos. Piensa mucho en esto y agradece estas maravillas de amor a la Madre y al Hijo.
Imita a María en esta maternidad divina uniéndote íntimamente como Ella a Jesús. Haz práctica esta unión, uniéndote antes con la Santísima Virgen para vivir completamente esta vida. Procura que tu alma sea hija verdadera, de palabra y de hecho de tu gran Madre.
                                                                                         Jaime García.

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