Quiero compartir con ustedes esta pequeña reflexión que hoy
en mi lectura espiritual he podido meditar, espero que al igual que a mí, esta reflexión
acreciente y vivifique ese amor a la Santísima Madre.
El << Fiat >> omnipotente. –Pero este << hágase>> de la esclavitud de María
también es la expresión practica de su omnipotencia. Apenas pronunciado, el Espíritu
Santo, como lo dijo el Ángel, la cobijo con su sombra protectora y llevo a cabo
la obra de la Encarnación; en aquel momento se efectuó lo de “el Verbo se hizo
carne” y comenzó a habitar entre nosotros.
¡Oh palabra de poder inmenso! –La pronuncia la omnipotencia
de Dios y brotan de la nada los mundos. –La dice María en el abismo de su
humildad y aun obra más maravillas que el Creador.
Aquel Fiat saca de la nada las cosas. Este mismo Fiat saca a
Dios de su Cielo, de su eternidad…, para que, sin dejar de ser Dios, comience a
ser hombre.
Contempla a la Santísima Virgen y mira al Espíritu Santo
cómo organiza en la inmaculada sangre de María el cuerpo de Jesucristo, para
que ese cuerpo y esa sangre que toma de la Virgen, fuera la materia del
sacrificio que para redimir al mundo ofreciera más tarde en la Cruz.
La divina maternidad.
Y María, en ese instante, queda convertida en verdadera
Madre de Dios. –Dignidad altísima y maravillosa. Es infinita porque infinita es
la dignidad del Hijo de Dios.
Desde ese momento, Dios está en María, no en imagen, no con
su gracia sino con su persona misma divina; hay entre Dios y María una
verdadera identidad en cuanto que la carne y sangre de su Hijo, son carne y sangre de María. Por ella María, al ser
Madre de Dios, adquiere la más alta autoridad, la autoridad de mandar a su
Hijo, adquiere el más alto privilegio, el de un derecho especial al amor de su
Hijo, y a recibir de Él todos los bienes de gracia y de gloria con el poder de
comunicarlo a los demás.
En esta maternidad Divina se funda la verdad de que ella es
nuestra Mediadora –Y una Mediadora omnipotente, por que participa por gracia de
la omnipotencia que Dios tiene por naturaleza y además, es por esta maternidad
la dispensadora de todas las gracias, ya que se ve claramente que Dios no
quiere comunicarse a los hombres directamente, sino por medio de María, como lo
hizo en la Encarnación.
Magnifica, sublime y divina esta maternidad; nunca
llegaremos a sondear toda su profunda y altísima magnificencia. Dios puede
crear más mundos, más ángeles, otros seres otros seres infinitamente más
perfectos, pero no puede hacer una Madre mayor que la Madre de Dios.
PUNTOS BREVES DE MEDITACIÓN SOBRE LA VIDA,
VIRTUDES Y ADVOCACIONES LITÚRGICAS
DE LA SANTÍSIMA
VIRGEN MARÍA.
LA MADRE DE DIOS ES MI MADRE...
-Pero también tiene unión con migo. Dios quiso que su Madre
fuera también mi Madre y me amó ya desde entonces como tal. Ella deseaba
entonces ardientemente que su Hijo naciera y redimiera al mundo pensando en mí.
Ella quería entonces, lo mismo que ahora, tenerme a mí como verdadero hijo -como
a su Jesús- que yo me uniera con Ella,
como estaba con Jesús, para que yo como Jesús, participara de aquella vida.
¡Qué dicha la mía, tener una madre que ha merecido ser la
Madre de Dios! Por ella adquirimos un parentesco con Jesús. –Jesús y yo somos
hermanos. Piensa mucho en esto y agradece estas maravillas de amor a la Madre y
al Hijo.
Imita a María en esta maternidad divina uniéndote íntimamente
como Ella a Jesús. Haz práctica esta unión, uniéndote antes con la Santísima Virgen
para vivir completamente esta vida. Procura que tu alma sea hija verdadera, de
palabra y de hecho de tu gran Madre.
Jaime García.


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